Manu Pijierro El blog

Disciplina: gobierno interior.

Una propuesta bastante aburrida para progresar.
Publicado el 01-04-2026 por Manu Pijierro


Imagen representativa del concepto disciplina y gobierno interior Imagen representativa del concepto disciplina y gobierno interior, generada con inteligencia artificial (Gemini)

Te voy a contar un secreto bastante aburrido.
Que pereza comenzar leyendo algo que te dicen que va a ser aburrido, ¿verdad? Un titular así no es precisamente un gancho irresistible. Sé que estás a punto de cerrar esta pantalla, cogerme por la solapa y exigirme que te devuelva los quince o veinte segundos de vida que llevas aquí.

Lo sé, soy consciente de ello, así que no te voy a engañar: si continúas, que a pesar de todo te lo recomiendo, lo que vas a leer a continuación no es un texto épico, ni una fórmula mágica, ni un método revolucionario que te va a llevar a conseguir cualquier cosa rápidamente y sin esfuerzos y que, además, seguramente tampoco esté expresado de la mejor forma posible, porque tampoco es que yo sea Cervantes escribiendo.
Pero si creo, honestamente, que lo que estoy a punto de compartir contigo puede ayudarte a progresar en cualquier ámbito de la vida y a construir una base sólida para tu desarrollo personal o profesional. Asumo este compromiso y responsabilidad.

Origen

Este artículo forma parte de una serie de reflexiones cuyo eje central es un concepto que he dado en llamar "autarquía personal", que no es más que una idea que propuse en un artículo anterior y con la que abría esta serie de textos sobre cómo gobernarse a uno mismo, depender un poco menos de todo -y de tod@s- y, en consecuencia, vivir con mayor libertad.

La serie de artículos sobre autarquía personal se compone de los siguientes textos:

¿De qué va esta propuesta tan aburrida?

Va de interiorizar un proceso de cambio de mentalidad y de acción que nos ayude a conseguir nuestros objetivos vitales.
Vaya frase más rimbombante y de taza de Mr.Wonderful, ¿verdad? Hasta a mí me ha dado pereza leerme. Nah, lo único que pretendía decir poniéndome tan trascendental es que lo que te voy a contar a continuación no es más que un proceso que, si lo entiendes y lo aplicas, puede ayudarte a conseguir lo que quieras.

Es una propuesta y no una promesa.
Y, además, no es infalible.
Y, además, no hay garantía.

Aunque el concepto de la disciplina es el concepto central de este artículo y por sí sola el desarrollo de la misma tiene un valor incalculable, para mi, forma parte de un marco más amplio que incluye otros conceptos, acciones y valores que, bien comprendidos e interiorizados, la dotan de más sentido, orden y fuerza para que su práctica nos ayude a conseguir nuestro desarrollo.

Mapa conceptual de mi propuesta.
He extraído los siguientes pasos que, aunque no son los únicos ni necesariamente los mejores ni siquiera garantizan el éxito, sí puedo considerar que aumentan de manera considerable las probabilidades de conseguirlo.

El mapa conceptual del proceso es el siguiente:

En el anterior artículo decía que antes de aspirar a cualquier cosa, conviene gobernarse.
Así que, en este momento, conviene preguntarse ¿nos guían estos pasos a ese gobierno interior? Veamos y desarrollemos. Ponte cómod@.

Un punto de partida: curiosidad, deseo o necesidad

Punto de partida -> Disciplina -> Constancia -> Mejora continua -> Paciencia -> Esperanza -> Resultado

Todo proceso personal comienza por un detonante. No hace falta que sea algo épico. Basta con que sea real. Basta con que sea un motivo suficiente, mínimo y real que nos dé ese primer impulso.

Casi todo proceso personal comienza por una de estas tres fuerzas (he usado la palabra fuerza muy conscientemente ya que origen debe ser muy poderoso para ti):

Cualquiera de estos tres motivos iniciales nos indican una primera dirección del camino. Tener una dirección es importante, y no me refiero a la dirección postal a la que te llegan los paquetes del Amazon o Aliexpress de turno, sino a una dirección más profunda, más personal y más relacionada con lo que quieres ser o con lo que quieres hacer o conseguir.

Es necesaria una primera razón para crear un cambio y, además, esa primera razón tiene que ser verdad y tienes que creértela, no te puedes mentir. Debe ser una razón clara y auténtica para iniciar un proceso de cambio personal que sea suficiente para ti y te impulse a tomar acción.

Disciplina: vencer el momento

Punto de partida -> Disciplina -> Constancia -> Mejora continua -> Paciencia -> Esperanza -> Resultado

La disciplina, en el fondo, no tiene secretos, se trata únicamente de hacer lo que debes cuando debes. Punto.

La disciplina, en las formas, sí tiene muchos secretos y el secreto principal está en tí, en saber dominarte y fomentar ese autogobierno interior que he comentado varias veces.

Es un valor muy personal, no necesita ruido ni aplausos.
Es tu deber y responsabilidad hacer lo que debes.
No puedes echar la culpa a nadie si no lo haces.
No busques excusas ni culpables.
No señales a nadie.
Solo pon orden a tus acciones y responsabilízate de ellas.
Digas lo que digas, eres lo que haces.

La disciplina tiene mucho de decirte no a ti mismo cuando sientas que no te apetece hacer lo que debes hacer. Ponerte límites no es algo fácil. Hoy en día vivimos rodeados de distracciones, tentaciones, comodidades y de tantos enredos tan absolutamente llamativos que la elección entre lo que debes hacer y lo que quieres hacer se hace muy difícil.
Por eso, la disciplina, va de vencer ese momento de duda contigo mismo, ¿hago lo que debo o ...me busco una excusa? en el momento que comienzas a negociar internamente contigo ya la has liado parda. Y lo sabes. Por eso, hasta que crees un hábito, no se negocia lo que debes hacer, lo haces y punto.

Por cierto, ser disciplinado no es ser rígido. No significa convertirse en una máquina. También implica flexibilidad, capacidad de adaptación y saber ajustar el plan cuando las circunstancias lo exigen. No hay que buscar siempre el 10.
En este sentido, por mi parte, reconozco que soy bastante poco flexible. Puedo ser incapaz de disfrutar una tarde tranquilo si tengo la sensación de que no he hecho lo que debía...aunque circunstancias externas no lo hayan hecho posible.
Es algo que tengo que corregir pero, de momento, no encuentro manera ya que no se trata simplemente de no hacer, sino que se trata de no sentirse mal cuando no haces lo que debes...aunque no hayas podido. Disciplinado sí, rígido no.

En general, ya sabes: lo que no sea por talento...que sea por disciplina.

Constancia: sostener el tiempo

Punto de partida -> Disciplina -> Constancia -> Mejora continua -> Paciencia -> Esperanza -> Resultado

Si la disciplina sirve para vencer un momento, la constancia sirve para sostener esa victoria en el tiempo.
Si la disciplina te hace empezar, la constancia evita que abandones, ya que es un valor que actúa a lo largo del tiempo, no como acción puntual.

Aquí hay mucho de esa parte aburrida de mi propuesta. La constancia no es un gesto heroico, un momento brillante o una acción espectacular. Es la acumulación de muchos días normales, de muchas acciones pequeñas que, a primera vista, no parecen gran cosa. Es el clásico "un día más en la oficina", es elegir el camino largo.

La constancia es seguir haciendo lo que debes incluso cuando ese deber pierde su "gracia", cuando lo rutinario deja de ser una novedad y cuando la motivación inicial provocada por un cambio se viene abajo. Tardará más o tardará menos pero este momento llegará y será ahí cuando te toque ser constante y coherente con tu decisión inicial.

Hay una aforismo de Epicteto, un filósofo griego de la escuela estoica que vivió alrededor del año 100 de nuestra era, sobre la constancia que me gusta mucho porque relaciona la constancia personal interior con respecto a como te ve el mundo exterior:
"Si mantienes firmemente tu actitud, los que al principio se reían de ti terminarán admirándote, mientras que si flaqueas, tendrán un doble motivo para la risa."

Haciendo lo correcto durante el tiempo suficiente, terminarás siendo ejemplo para muchos con tus acciones y muy probablemente provocarás cambios positivos en los demás (...siempre que lo que hagas sea algo positivo, claro. Si eres un gañán dedicado a hacer el mal, casi mejor que no seas constante...por el bien de todos..."gracias")

Mejora continua: repetir mejorando

Punto de partida -> Disciplina -> Constancia -> Mejora continua -> Paciencia -> Esperanza -> Resultado

La repetición sin cualificación no sirve de nada.
Este aforismo lo tengo como uno de mis favoritos de todos los tiempos. La idea clave es sencilla pero profunda: no basta solo con repetir una acción; hay que repetir corrigiendo, ajustando y aprendiendo.

Hasta ahora, tenemos en primer lugar un punto de partida inicial, un segundo punto en la disciplina con la que hacemos lo correcto y un tercer punto en la constancia, con la que hacemos lo correcto a lo largo del tiempo.
Ahora, además, tenemos la mejora continua, con la que hacemos lo correcto un poco mejor cada día, transformando la repetición en evolución.
Esto es muy importante. Repetir no nos debe dejar en el mismo sitio, repetir debe servirnos para mejorar y avanzar en la medida de nuestras posibilidades. La eterna lucha entre repetir por inercia "vs" repetir con propósito.

Esta mejora continua en la filosofía japonesa viene representada por el concepto Kaizen, centrada en realizar cambios pequeños pero constantes y progresivos para optimizar procesos tanto personales como profesionales o incluso industriales.

Para que este proceso de mejora continua funcione, hace falta atención deliberada, es decir, centrar nuestra atención en la acción de manera consciente, estando muy presentes en todo aquello que estemos haciendo. Solo así podremos conocer cómo mejorar nuestro proceso y hacer las correcciones, ajustes o aprendizajes necesarios que nos hagan un poco mejores cada día.

Paciencia: aceptar la lentitud del proceso

Punto de partida -> Disciplina -> Constancia -> Mejora continua -> Paciencia -> Esperanza -> Resultado

Aquí jugamos al largo plazo. Las cosas importantes, las cosas que realmente merecen la pena, no suelen llegar de la noche a la mañana. Cualquier acción de progreso que iniciemos en nuestra vida debemos tomarla como una ejecución sin una fecha de finalización concreta, sin prisas pero sin pausas.

La constancia nos hizo sostener la acción en el tiempo y ahora la paciencia nos hace aceptar esa acción a lo largo de ese tiempo.

Creo que la paciencia, como valor personal, no está de moda. Ha quedado relegada al cajón de los valores infravalorados, la paciencia no vende titulares y nadie te va a admirar diciéndote: -Wow, que paciente eres-. No funciona así, por desgracia. Exigimos la inmediatez: poseer, usar y descartar. Sin embargo, la paciencia y la reflexión son los antídotos contra la inmediatez y la ansiedad por el resultado.

Por otro lado, es vital interiorizar que la paciencia no consiste simplemente en esperar, sino en cómo te comportas mientras el tiempo pasa. Se trata de transformar la espera en un periodo de preparación activa.

Esperanza: confianza en el esfuerzo

Punto de partida -> Disciplina -> Constancia -> Mejora continua -> Paciencia -> Esperanza -> Resultado

Que bonita es la palabra esperanza y cuanto de humano lleva implícito su significado.

La esperanza es la confianza en que ciertas cosas, aunque no estén garantizadas, merecen el esfuerzo. No sabemos si lograremos el resultado que buscamos, puesto que lo que pudiéramos a llegar a considerar un éxito depende de muchos más factores que nuestra propia acción. Sin embargo, sí podemos confiar en que el esfuerzo que hacemos tiene sentido y que, de alguna forma u otra, será valioso y digno de ser hecho, aunque no sepamos si va a tener la consecuencia que esperamos.

Causas y consecuencias. Todos los pasos anteriores, del detonante a la mejora continua, son causas. La esperanza es la creencia de que existirá una consecuencia a nuestro favor, pero no puede ser una fe ciega. Para que tenga valor real, debe cimentarse en nuestras acciones: hacer lo correcto cuando debemos, durante el tiempo que sea necesario y de la mejor forma posible.

Esta esperanza, basada en nuestros actos, es una esperanza activa: esperamos que nuestro entorno se transforme porque nosotros hemos decidido evolucionar. Por el contrario, la esperanza pasiva -la que debemos evitar- se limita a esperar que el mundo cambie sin que nosotros cambiemos, dejando el éxito en manos de factores externos que no podemos controlar.

Este sentimiento de esperanza será tan real y potente como lo sea nuestra capacidad de transmitirnos la confianza necesaria de saber que nuestro cambio tiene propósito y acción real.

Resultado: posible consecuencia

Punto de partida -> Disciplina -> Constancia -> Mejora continua -> Paciencia -> Esperanza -> Resultado

El resultado, el final del camino, es la posible consecuencia de todos los pasos anteriores.
No es una promesa inicial, ni un contrato, ni una garantía. No es algo que se pueda exigir ni reclamar. Es algo que simplemente puede llegar a suceder, pero que también puede no suceder.
En este punto, lo más importante es interiorizar que por muy bien que lo hagamos todo, siempre existirá la posibilidad de no conseguir lo que deseábamos en un principio.
Si ocurre, bien. Si no ocurre, ten en cuenta que eso no invalida ni el proceso ni el esfuerzo ni el sentido de lo que hemos hecho.

Si somos demasiado resultadistas, podríamos cometer el error de etiquetar como fracaso no alcanzar el objetivo inicial. Al hacerlo, obviamos todo el proceso de desarrollo personal ganado por el camino, un valor que, a menudo, es incalculable aunque a priori parezca que el esfuerzo fue en vano. No llames fracaso a un proceso de crecimiento personal como este, incluso si el resultado no es el esperado.

También es importante que no te agobies por el resultado. Si has cumplido con tu parte, has hecho lo que debías hacer, has sido constante, has mejorado, has tenido paciencia y has confiado en el esfuerzo, entonces la probabilidad de conseguir lo que esperas será muy alta y casi siempre será suficiente...pero, es posible, que en ocasiones no lo sea, y debemos ser conscientes que no es algo que podamos garantizar del todo.

Esa misma empatía que aplicamos con nosotros al evaluar un resultado, debemos tenerla también hacia los demás.
A menudo obviamos, desconocemos o no vemos los esfuerzos que otras personas realizan en su día a día para conseguir avanzar y solemos enjuiciar, casi siempre de forma negativa, a las personas que no consiguen su objetivo, al menos de forma visible. Si el proceso es difícil para tí, también lo es para el de al lado, ten esto en cuenta.
Valoremos el esfuerzo de los demás y la intención, valoremos que lo hagan lo mejor que puedan, que hayan sido constantes y tenido paciencia...aunque no consigan el resultado esperado. Animemos a la gente a conseguir su mejor versión.

Por fin, el final...

No sé si conseguirás lo que te propones. De verdad que no lo sé.

Pero sí sé esto:
Si recorres este camino, si haces lo que debes hacer, si te sostienes en el tiempo, si mejoras, si tienes paciencia y si confías en el proceso... no vas a ser la misma persona que empezó.
Y puede que ese sea, en el fondo, el único resultado que realmente importa.


Recuerda...

...que como te dije al principio, este texto no pretende convencer a nadie. De hecho, a veces, ni siquiera yo estoy totalmente convencido...y no te extrañes tampoco si dentro de tres meses escribiera algo distinto.

Todo lo anterior son conclusiones propias:

Por cierto, estás invitado (gratis, además, no como cuando te invitan a una boda), a discutir mi propuesta, rebatirla y, si lo crees necesario, tirar por tierra todo mi argumentario vital.

Muchas gracias por leerme.

¡Chimpún!


Escríbeme y déjame tu opinión

Si quieres dejar un comentario, sugerencia o crítica constructiva, puedes hacerlo a través del siguiente formulario de Google. Haz clic aquí para acceder al formulario de comentarios.

¡Muchas gracias por tu tiempo!


Espacio para la publicidad personal. Si has llegado a este artículo desde más allá de Orión, te cuento que soy Manu Pijierro, un desarrollador de aplicaciones web especializado en la creación de soluciones personalizadas para empresas como ERPs y CRMs.
Si necesitas algún tipo de software a medida o crees que te puedo ayudar de alguna forma no dudes en ponerte en contacto conmigo escribiéndome al correo electrónico mpijierro@gmail.com. Si no puedo yo, intentaré ponerte en contacto con alguien que sí pueda ayudarte. Prometido.

Además, si te ha gustado este artículo, tengo escritos muchos más sobre los más variopintos temas. Aquí tienes algunos...